El Rey justificó el 23-F lamentando que el Estado no implicase al ejército en la lucha contra ETA, según el embajador alemán

Juan Carlos II confesó al diplomático que presionaría el gobierno para rebajar las condenas a los golpistas

(Para leer el informe del embajador alemán Lothar Lahn, clica aquí)

El Rey Juan Carlos I mostró “comprensión, cuando no incluso simpatía” hacia los golpistas del 23-F: así lo revela en un télex al ministerio alemán de Asuntos Exteriores que mandó el embajador de la RFA, Lothar Lahn, después de encontrarse con el Monarca el 27 de marzo de 1981 y así lo recogieron muchos medios cuando, a inicios de febrero, Efe se hizo eco de una noticia en el Spiegel que citaba partes del documento (para leerlo, clica aquí). Lo que no dejaba tan claro el teletipo de la agencia española es que el Rey justificó esta “simpatía” hacia los golpistas lamentando que el primer presidente de  Gobierno elegido en las urnas tras el franquismo, Adolfo Suárez, no implicase a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad de Estado. Y, especialmente, en “la lucha contra el terrorismo en el País Vasco”.

En efecto, el Borbón no sólo explicó su simpatía alegando “casi en tono de disculpas” según el embajador alemán que “los rebeldes sólo habían querido aquello que todos” perseguían, que según Juan Carlos era “disciplina, orden, seguridad y tranquilidad”, sinó que aprovechó la entrevista con el diplomático para cargar las culpas del golpe al gobierno surgido de las urnas. Suárez, según explicó Juan Carlos a Lahn, “había despreciado a los militares y no los había utilizado nunca para una tarea de política de Estado”, tal y como él mismo le había aconsejado “a menudo” y “en vano”. En concreto, el monarca defendía otorgar a los militares “una función de seguridad, como por ejemplo la lucha del terrorismo en el País Vasco”. Esta tarea podría consistir en establecer “controles más duros en los pasos fronterizos hacia Francia”.

Éste fue el argumento que usó el Rey ante el embajador alemán, según el resumen del encuentro que el diplomático mandó a su país, para justificar que los militares hubiesen acabado actuando “de forma autónoma”. “Solamente la posición de Armada, que había estado a su lado durante 17 años, le había decepcionado”, escribió Lahn tras la reunión.

Y añadió que Juan Carlos “ahora trataba de influenciar el gobierno y los tribunales militares para que no les sucediesen demasiadas cosas a los golpistas, que al fin y al cabo sólo habían querido lo mejor”, un hecho que Efe menciona de paso. Y que quería pasar página con premura: “es de la opinión que se debería olvidar el 23/02 pronto, y está confiado que no habrá ninguna repetición”, interpretaba Lahn sobre unos hechos que, al contrario de lo que esperaba el Rey poco después de que sucediesen, se han convertido en un momento clave para interpretar su reinado. Y, también, en un argumento central para quienes lo defienden.

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